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LA DESTITUCIÓN DEL ALCALDE
SALVADOR MUÑOZ PÉREZ
Tras el triunfo de la sublevación en
Córdoba el coronel Cascajo nombró alcalde de la
ciudad a Salvador Muñoz Pérez, quien se hizo cargo
del Ayuntamiento inmediatamente de la ocupación de
éste la madrugada del 19 de julio. Muñoz, que ya
había sido alcalde en tiempos de la Monarquía, había
participado activamente en la conspiración.
Salvador Muñoz y toda la Gestora fueron ratificados
en sus cargos por el general Varela, en funciones de
Gobernador Militar, consecuentemente al Bando
dictado por éste de fecha 4 de septiembre de 1936
relativo a la ratificación de funcionarios. Fue
destituido por orden del general Queipo de Llano de
fecha 23-09-1936 y sustituido por el capitán de
Infantería retirado Manuel Sarazá Murcia. La versión
que se dio entonces es que esos puestos debían ser
ocupados por militares. Pero, independientemente de
la tendencia de los militares a controlar todos los
resortes de mando, las verdaderas razones de esta
destitución fueron otras.
En el “Diario de operaciones del general Varela
1936-1939” (Jesús N. Núñez Calvo, ed. Almena, Madrid
2004, p. 191) se recoge una visita de Salvador Muñoz
Pérez al cuartel general de Varela el 23 de mayo de
1937, y en la nota 72 (p. 289) se explica que la
destitución fue consecuencia de supuestas
irregularidades en la administración de caudales
públicos y que intentó recabar la ayuda del general
Varela para acreditar su inocencia y denunciar la
injusticia de su cese. La misma nota cita la
existencia en el Archivo Capitán General José
Enrique Varela Iglesias, de Cádiz, de un expediente
que recoge la correspondencia entre Muñoz y Varela
(sección “Expedientes personales”, tomo 148,
expediente 19). Pero no sólo existe la
correspondencia citada, sino un legajo calificado
como “Confidencial” que contiene la copia de un
“expediente instruido con motivo de la inversión de
15.000 pesetas del Ayuntamiento y 5.000 de la
Diputación Provincial, en atenciones y servicios a
las fuerzas militares y milicias auxiliares”.
La falta de fondos y de vías de financiación era uno
de los problemas que tenían los sublevados en los
primeros momentos, y no el menor de ellos, como puso
de manifiesto Indalecio Prieto en un célebre
discurso radiado en agosto de 1936: “Nosotros
tenemos el oro”. En la zona rebelde se abrieron
desde los primeros días suscripciones públicas a
favor del Ejército. En Córdoba, en un principio la
suscripción estaba controlada por el Ayuntamiento,
si bien posteriormente pasó a manos de la Delegación
de Hacienda.
El primer documento que se encuentra en el
expediente es una copia de una información elevada
al general Queipo de Llano, jefe de la 2ª División
Orgánica, por Guillermo García Carrasco, comandante
de Infantería retirado e instructor del
procedimiento, que debió ser ordenado por Queipo a
la vez que firmó la destitución. Esta información
fue ordenada por el general para esclarecer los
motivos por los que no fueron ingresadas en la
suscripción abierta a favor del Ejército 50.000
pesetas donadas por el Ayuntamiento y 25.000 donadas
por la Diputación. Ante todo el instructor comprobó
que las cifras eran erróneas, el Ayuntamiento había
librado15.000 pesetas y la Diputación 5.000, que
entregó al Ayuntamiento. Sobre el motivo del no
ingreso de las 20.000 pesetas García Carrasco
transcribió una frase de la sesión municipal de
10-08-1936, en la que el Alcalde “indicó, cumpliendo
así los deseos del Alto Mando Militar, la
conveniencia de que la expresada suma quedase en
poder de la Corporación Municipal sin efectuar su
ingreso en la suscripción”. Interrogado sobre este
particular, Muñoz Pérez manifestó que se hizo cargo
de la suscripción por orden del general Orgaz, que
estuvo en Córdoba el 31 de julio. Que al pasar el
control a una nueva comisión presidida por el
Delegado de Hacienda éste sostuvo un criterio
restrictivo en cuanto al uso de los fondos,
entendiendo que no debían servir para satisfacer los
gastos de los obsequios y atenciones que Muñoz Pérez
venía practicando con las fuerzas militares. Que se
entrevistó con el general Varela quien le dijo que
podía ordenar el alojamiento de las tropas pero que
no le parecía bien imponer semejante carga a la
población y que la Ciudad debía seguir costeando
determinados gastos de las fuerzas, pero que se
debía arbitrar un modo de no gravar las arcas
municipales. A Muñoz se le ocurrió usar la cantidad
aprobada para la suscripción, ya librada con cargo a
imprevistos pero no ingresada en la repetida
suscripción. El Ayuntamiento actuaría en paralelo,
atendiendo a los gastos no aceptables para el
Delegado de Hacienda. La idea le pareció bien al
general Varela y el Alcalde la llevó a la Comisión
Gestora en los términos vistos más arriba.
El instructor interrogó al Presidente de la Gestora
de la Diputación Provincial, Eduardo Quero Goldoni,
sobre el motivo de entregar al Ayuntamiento las
5.000 pesetas donadas como primera entrega a la
suscripción. Quero manifestó que, como constaba en
acta, se hizo así por haberlo solicitado el Alcalde
con la venia del general Varela.
García Carrasco adjuntó en su información una copia
de la cuenta rendida por el Depositario de los
fondos municipales, Manuel Montijano Aroca, de las
20.000 pesetas en cuestión. La cuenta justifica las
20.000 pesetas con gastos por importe de 19.994,43
pesetas y un remanente de 5,57 pesetas. Se consiguió
cuadrar la cuenta dando de baja una partida, la
número 17 por importe de 240 pesetas, en concepto de
pago de haberes a cuatro mecánicos que trabajaron
con tractores en el arreglo del campo de aviación.
El instructor considerando “suficientemente
aclarados los hechos origen de esta Información”
elevó ésta a Queipo de Llano con fecha 28 de
septiembre, no sin dejar de hacer constar la
adhesión de Muñoz Pérez al Movimiento y a las
Instituciones Militares a pesar de su cese.
En el legajo constan unas “Notas aclaratorias al
expediente” sin fecha ni firma, pero en las que
creemos ver la mano del propio Salvador Muñoz Pérez.
Según estas notas García Carrasco se desplazó a
Sevilla el 30 de septiembre de 1936 al objeto de
hacer entrega de su informe a Queipo. Viajó en
compañía de Eduardo Quero Goldoni, compañero de
armas y viejo amigo de Queipo pero amigo también del
destituido alcalde. La misma nota reconoce que
Eduardo Quero informó posteriormente a Muñoz del
contenido y alcance de la conversación, en la que
quedó claramente de manifiesto que el objetivo de
Queipo era desprestigiar y perjudicar al general
Varela y al coronel Sáenz de Buruaga. Quero
intercedió por el exalcalde exponiendo sus servicios
a los sublevados, que comenzaron en marzo de 1936
cuando Muñoz empezó a participar en la conspiración.
Queipo llamó a su presencia a un auditor, al que
presionaba ostensiblemente para que reconociese
malversación de fondos en los conceptos expuestos en
la cuenta justificativa de gastos. Especial
irritación le provocaban aquellos que afectaban más
directamente al general Varela. Finalmente, el
general dijo que mandaría a Córdoba un auditor para
escudriñar todo y averiguar cuanto se había
invertido en esas atenciones. Termina la primera
parte de la nota aclaratoria exponiendo el malestar
de Muñoz por haberle obligado el nuevo alcalde a
devolver 1264 pesetas, importe satisfecho por el
Ayuntamiento como pago de jornales para obras de
adecuación de la residencia del general Varela en la
casa nº 77 de la calle Realejo, propiedad de la
condesa de Hornachuelos.
La nota continúa tratando de demostrar que el haber
incurrido en aquellos gastos no constituía delito de
malversación de fondos. De nuevo relata los hechos
escudándose siempre en la aprobación obtenida del
general Varela para no efectuar el ingreso en la
suscripción. Sigue analizando los preceptos legales
vigentes que podrían invocarse en el caso y hace el
descargo en base a los siguientes puntos:
1. Las partidas de gasto están dentro de los
acuerdos tomados por la Comisión Gestora, porque
directa o indirectamente se relacionan con
atenciones tenidas con las fuerzas militares,
merecedoras de “las más delicadas atenciones y los
homenages (sic) más rendidos”.
2. Aunque el Ayuntamiento, usando de sus facultades
discrecionales, podía por sí solo tomar el acuerdo
de no ingresar el importe aprobado en la suscripción
se buscó y obtuvo la aprobación del Mando Militar
“en consideración al estado de guerra en que la
ciudad se encontraba”.
3. Con los gastos habidos no se había producido daño
ni entorpecimiento para ningún servicio municipal
por haberse dotado aquellos con cargo a
“Imprevistos”. Tampoco se había producido daño en
los fines de la suscripción, que en esos momentos
alcanzaba un montante de más de un millón de
pesetas. Esta cuestión del daño o entorpecimiento
hubiese tenido una gran importancia a la hora de
señalar pena en caso de culpabilidad, según lo
dispuesto en el artículo 402 del Código Penal
vigente.
Teniendo en cuenta lo anterior, el autor de la nota
–presumiblemente el mismo Salvador Muñoz- considera
que no ha habido delito de malversación de fondos y
sí una falsa información. Se queja de que se haya
sancionado un supuesto delito –pues sanción era la
destitución entendida como la suspensión con que
castigaba el delito el citado artículo 402- antes de
la formación, tramitación y elevación a causa del
expediente. Continúa exponiendo que aunque no hubo
delito el Alcalde había reintegrado las 20.000
pesetas por cuestiones de delicadeza y
caballerosidad para evitar las inculpaciones que se
habían insinuado en la conversación de Sevilla.
Termina diciendo que ha transcurrido bastante tiempo
(no dice cuanto) pero que no se ha resuelto nada
sobre la Información practicada por el instructor,
que no ha venido a Córdoba ningún auditor como
amenazara Queipo y que se está a la espera del fallo
definitivo para solicitar la devolución de las
20.000 pesetas reintegradas.
El legajo contiene también diversas cartas de Muñoz
Pérez a Varela fechadas entre septiembre de 1936 y
el mismo mes de 1937. En una de ellas le anuncia su
viaje a Ávila en compañía del comandante de Aviación
Carmelo de las Morenas y en varias le solicita
algunas recomendaciones. En una carta fechada el 30
de mayo de 1937 hace comentarios negativos acerca
del nombramiento como alcalde de Antonio Coello, a
quien califica como excelente persona y un perfecto
caballero pero desconocedor de los problemas
municipales. Tampoco le parece bien el nombramiento
como gestores de altos funcionarios municipales. Una
pequeña indiscreción en carta fechada el 5 de marzo
de 1937 nos permite conocer que simultáneamente a su
destitución como gobernador civil “Don Bruno” sufrió
un arresto de 48 horas, algo de lo que no teníamos
noticia hasta ahora. Pero en este intercambio
epistolar no aparecen más detalles en relación con
la destitución.
Pero tenemos otra versión del asunto procedente,
nada más y nada menos, que del propio general Queipo
de Llano. En el libro “Queipo de Llano, memorias de
la guerra civil” (Jorge Fernández-Coppel, ed. La
Esfera de los Libros, Madrid, 2008) se recogen unas
memorias incompletas del Virrey de Andalucía. En
ellas dedica todo un capítulo, titulado “La
ineptitud del general Varela” a tratar de
desacreditar y denostar al bilaureado general, a
quien profesaba una profunda inquina. No podía
faltar el asunto de Muñoz Pérez. Según Queipo tuvo
“noticias de los dispendios extraordinarios en las
comidas, a las que tenía (Varela) siempre invitados,
y pronto se me dijo que aquellos gastos los pagaba
el alcalde con los fondos de la suscripción
nacional. En el acto comisioné a un jefe para que
fuese a Córdoba a comprobar el asunto y, como
resultase cierto, ordené la destitución del alcalde
y la restitución por éste de las cantidades
empleadas en tan inmoral concepto. El alcalde abonó
aquélla suma importante, unas 25 ó 30 mil pesetas
(no recuerdo exactamente la cantidad), y sé que en
muchas ocasiones ha pretendido ser indemnizado de
ella, lo que creó contrariedades al general Varela”.
Siempre según Queipo las cantidades utilizadas por
el alcalde provenían de lo recaudado por el
Ayuntamiento para la suscripción antes de que ésta
pasase por orden superior a control de la Delegación
de Hacienda. Pero ya hemos visto como en sesiones de
la Comisión Gestora municipal se aprobaron 10.000
pesetas el 3 de agosto y otras 5.000 el 10 de agosto
procedentes del presupuesto municipal y no de lo
recaudado para la suscripción. Nos confirma que
llamó al auditor Bohórquez y que éste le apoyó en su
opinión de que los hechos constituían un delito de
malversación de fondos, y que Muñoz Pérez, enterado
“del cariz, tan perjudicial para él, que tomaba el
asunto” entregó el dinero en la Delegación de
Hacienda (ya hemos visto que fue en el Ayuntamiento
y eso está documentado en el expediente conservado
en el Archivo Varela).
Lo más interesante del relato de Queipo se contiene
en el siguiente párrafo: “Harto ya don Ciríaco
Cascajo de la politiquilla que en todos los órdenes
venía desarrollando el alcalde, mandó a Sevilla a su
ayudante, el señor Rodríguez de Austria, para
conferenciar conmigo. Inmediatamente ordené la
sustitución del alcalde y la instrucción de
diligencias. Nombré un juez instructor que fue el
comandante de Infantería don Guillermo García
Carrasco, muerto después heroicamente al enfrentarse
al enemigo”. Nada podemos añadir sobre la veracidad
de este aserto.
Y termina Queipo: “Desde entonces no se ha vuelto a
saber una palabra sobre las referidas diligencias,
que como repetimos quedaron en la auditoría en
Sevilla, en poder del señor Bohórquez. Tras mi
salida, Salvador Muñoz Pérez hizo gestiones sobre
este asunto en Madrid con el ministro del ejército
general Varela, su íntimo amigo, devolviéndole el
dinero no se sabe con que fondos”. Desde luego, si
las diligencias no prosperaron no sería por falta de
ganas de Queipo. Pero hay que tener en cuenta que
para cuando García Carrasco entregó su informe
Varela había tomado Cerro Muriano y Ronda, y había
sido llamado por el general Franco para sustituir al
teniente coronel Yagüe, “enfermo” por su desacuerdo
con la orden de Franco de desviarse a Toledo para
socorrer el Alcázar en vez de continuar la marcha
rápida hacia Madrid. Varela le entregó el Alcázar a
Franco en bandeja de plata, y con él la Jefatura del
Estado. Eso le convertía en inalcanzable para el
vengativo Virrey de Andalucía.
Sí tenemos otro indicio de que Varela siguió
apoyando a Muñoz Pérez. El general, ya ministro del
Ejército, visitó Córdoba en mayo de 1940 y en un
discurso alabó la primera gestora municipal
presidida por Muñoz. Sin embargo, el entonces
director de Azul, José Escalera del Real, denunció
que estos elogios fueron censurados y no publicados
por orden del Delegado de Prensa y Censura, Antonio
Sarazá Murcia (“Los inicios del franquismo en
Córdoba”, de Francisco López Villatoro, pág. 137).
Para que Sarazá censurase a Varela tendría que verse
muy respaldado. ¿La larga mano de Queipo?
De momento no han aparecido aquellas diligencias que
quedaron en poder del Auditor y que deberían
encontrarse en el Tribunal Militar Territorial nº 2
de Sevilla. Pero el Archivo Varela nos aclara
suficientemente los verdaderos motivos de la
destitución del alcalde Salvador Muñoz Pérez.
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