LOS BOMBARDEOS AÉREOS REPUBLICANOS SOBRE LA
RETAGUARDIA NACIONAL DURANTE LA GUERRA CIVIL
ESPAÑOLA: APROXIMACIÓN AL CASO DE CÓRDOBA.
Patricio
Hidalgo Luque
Introducción
La Guerra Civil Española (GCE) sigue acaparando
el interés del público setenta años después de
su inicio. Aunque los libros publicados sobre
esta contienda se cuentan ya por miles, hay
aspectos de la guerra que aún aparecen poco
tratados o tratados deficientemente, como es el
caso de los bombardeos aéreos republicanos sobre
la retaguardia nacional.
Si bien durante la Primera Guerra Mundial ambos
bandos habían bombardeado ciudades de la
retaguardia enemiga, fue durante la GCE cuando
se generalizó esta práctica, prevista en las
doctrinas que sobre el poder aéreo se
desarrollaron en Europa y en Estados Unidos en
la época de entreguerras. El bando republicano
fue el primero en bombardear ciudades, de forma
que antes de finalizar el mes de julio de 1936
ya habían sido bombardeadas Zaragoza, Córdoba,
Sevilla y otras, según se reconoce en sus
propios partes oficiales de guerra (1).
Mientras que el gobierno republicano inició una
activa campaña propagandística internacional
frente a los bombardeos nacionales, que llegó
incluso al Vaticano, la propaganda nacional,
asombrosamente incompetente en esta materia,
sólo acertó a responder tardíamente con unos
folletos tan mal hechos que, al menos en el caso
de Córdoba, registran menos bombardeos y muertos
que los que hubo realmente (2). Parece que estos
datos fueron dados por buenos por Solé y
Villarroya (3), por lo que vemos cómo los
errores se arrastran desde entonces.
Este vacío histórico me impulsó a buscar datos
relacionados con los bombardeos aéreos
republicanos sobre Córdoba durante la GCE, de
los cuales tenía noticias por referencias orales
y por haber encontrado en el archivo de la
Farmacia del Hospital Militar de Córdoba una
relación de las víctimas habidas en dicho
establecimiento en el bombardeo del 1 de abril
de 1937. El hallazgo en el Historial del
Regimiento de Artillería Pesada nº 1 durante el
Glorioso Movimiento Nacional de una breve
relación, de apenas tres hojas, de las
incursiones aéreas que sufrió la ciudad fue el
detonante y la base de partida de una
investigación llevada a cabo, hasta ahora, a
nivel fundamentalmente local (4). La lectura de
la prensa cordobesa de la época (5), la búsqueda
de víctimas en el Registro Civil y en los libros
de registro de los cementerios, así como la
revisión documental en diversos archivos (6) y
la consulta de la bibliografía especializada en
temas aeronáuticos han ido ampliando,
corrigiendo y puliendo los datos esbozados en el
Historial.
Se ha hecho mención al carácter local del
trabajo, pero esto es así sólo en su punto de
partida. La intención final es hacer un trabajo
lo más amplio posible, para lo que será
imprescindible llevar a cabo una labor de
investigación en archivos nacionales apenas
iniciada. Por ello, cualquier conclusión que
pueda derivarse de las páginas que siguen ha de
ser forzosamente provisional.
Para una mejor comprensión se ha estructurado
este trabajo en varios apartados. En primer
lugar se estudian las incursiones realizadas
durante el verano de 1936, que estuvieron
vinculadas a los intentos republicanos de tomar
Córdoba. La entrada en liza del material aéreo
soviético dio otro cariz a los bombardeos a
partir de diciembre de 1936, con unas
características que apenas variarían hasta el
final de la guerra. Siguen unas breves notas
sobre la defensa antiaérea y la defensa pasiva
en Córdoba, para finalizar con un balance de las
víctimas producidas por los bombardeos durante
los tres años de guerra.
Las incursiones: el verano de 1936
En la tarde del 18 de julio de 1936 la
guarnición de Córdoba se adhirió a la
sublevación iniciada la tarde anterior por el
Ejército de África contra el Gobierno del Frente
Popular, y el coronel D. Ciriaco Cascajo Ruiz,
jefe del Regimiento de Artillería Pesada nº 1 y
Comandante Militar de la Plaza, proclamó el
estado de guerra siguiendo órdenes del general
Queipo de Llano. Por una serie de circunstancias
bien conocidas la sublevación triunfó en la
capital la misma tarde-noche del día 18, si bien
Córdoba quedó prácticamente aislada y con unas
fuerzas exiguas que apenas bastaban para su
defensa (7).
El Gobierno organizó una columna para marchar
sobre Córdoba al mando del general Miaja, y
destacó en Andújar (Jaén) una fuerza mixta de
aviones Nieuport-52 y Breguet-XIX procedentes de
la Escuadra nº 1 de Getafe (8). En el sur, la
actividad aérea de los sublevados estaba
centrada en la base sevillana de Tablada, pero
pronto destacaron aviones al aeródromo de la
Electromecánica, en Córdoba.
La prensa local informa de vuelos sobre la
ciudad desde los primeros días del conflicto,
pero no está claro cuándo tuvo lugar el primer
bombardeo. Los Documentos del General Cuesta (9)
mencionan una incursión el 24 de julio con
víctimas en el barrio de la Electromecánica, y
Fernando Fernández de Córdoba escribe sobre un
bombardeo, también con víctimas, el día de
Santiago, es decir, el 25 de julio (10).
Probablemente esta mínima diferencia de fechas
sea debida a un error y ambos hablen de un mismo
ataque. Por otro lado, los partes oficiales
republicanos reconocen bombardeos sobre Córdoba
los días 26 y 28 de julio (11), lo que coincide
con la siguiente noticia aparecida en El
Defensor de Córdoba del 29 de julio: “Hace tres
días venía visitándonos un aparato que lanzó
bombas de mano en distintos lugares con poca
fortuna”. La prensa menciona una incursión el 29
de julio frustrada por un caza nacional que
habría derribado un avión atacante, que pudiera
ser el Ni-52 del sargento Romero Tejero (12).
Debo decir que no he encontrado el menor rastro
documental de ataques con víctimas antes del 31
de julio de 1936 (13), día en que un Douglas
DC-2 lanzó bombas sobre las 18.30 horas
produciendo daños y heridas al menos a una niña
en el barrio de San Lorenzo. Esa tarde, el
ametrallador del Douglas derribó un Ni-52
nacional que trató de interceptarlo desde el
campo de la Electromecánica. El piloto del caza,
teniente Jesús Fernández Tudela, salvó la vida
al lanzarse en paracaídas. Según la prensa
local, durante el ataque del día 31 se hicieron
disparos de cañón contra el Douglas desde el
cuartel de Artillería. Aunque en Córdoba no
existían piezas antiaéreas en esa época, no
puede descartarse que esos disparos, caso de que
realmente fuesen hechos, se realizaran con
piezas de campaña montadas sobre afustes de
circunstancias, aunque no hemos podido confirmar
esto por fuente alguna. En todo caso, se disparó
contra el atacante con todo tipo de armas
portátiles, y consta que al menos un hombre fue
herido por rebote de balas. Al día siguiente una
nota de prensa del coronel Cascajo conminó
enérgicamente a cortar con ésta tan entusiasta
como inútil práctica. Esa misma noche, siempre
según la prensa local, habló por la radio el
general Orgaz, presente en Córdoba, para
tranquilizar a la población y advertir de la
voladura de una bomba sin explosionar prevista
para el día siguiente.
El mes de agosto comenzó, según el Historial,
con una incursión el día 1, sobre las 11.00
horas, que no hemos podido confirmar con ninguna
otra fuente. El día siguiente, domingo, sobre
las 8 de la mañana, un avión, posiblemente un
Douglas, arrojó 9 bombas sobre distintos puntos
de la ciudad, causando al menos 7 víctimas
mortales confirmadas, 3 de ellas niños. La
prensa local resaltó que varias bombas cayeron
cerca de iglesias y concluyó que los atacantes
intentaron alcanzarlas adrede en día de
precepto. Aunque no se puede asegurar que los
templos fuesen el objetivo de las bombas, sí es
claro que no impactaron sobre objetivos
militares. El mismo día 2 el Comandante Militar
publicó un bando en la prensa en el que
anunciaba, de orden del general Queipo de Llano,
represalias en caso de nuevos bombardeos, a
razón de 10 detenidos “de filiación marxista” a
fusilar por cada víctima de los ataques.
El avión perdido el 31 de julio debió ser
sustituido pronto, porque El Defensor de Córdoba
del 3 de agosto escribe: “Tenemos en Córdoba
tres aparatos de aviación, entre ellos uno de
caza que está considerado como uno de los
mejores de esta clase y el cual lo pilota un
notable aviador”. El caza sólo puede ser un
Ni-52 enviado desde Tablada para sustituir al
perdido, y no era precisamente un avión moderno.
En la mañana del lunes 3 de agosto dos Breguet
XIX republicanos protegidos por un Ni-52
intentaron atacar la ciudad, pero les salió al
encuentro el caza del capitán Joaquín
García-Morato, que llegaba desde Sevilla en su
primer servicio de guerra. Morato los ametralló
y persiguió, consiguiendo que huyeran sin
arrojar las bombas sobre la ciudad. Según
parece, uno de los Breguet iba pilotado por el
alférez Valenzuela con el teniente De Grado de
observador, el cual resultó herido. El caza era
el del sargento López Pastor, que rehuyó el
combate (14). Ese mismo día, por la tarde, sí
hubo un bombardeo en las proximidades de los
cuarteles de la avenida de Medina Azahara. Tres
personas murieron en el acto y una mujer el día
11 a consecuencia de las heridas. Esa noche
fueron fusilados exactamente 12 hombres en la
cuesta de Los Visos como represalia. Una persona
participante en las detenciones me asegura que
la proporción fue 4 por 1, lo que cuadra con los
3 fallecidos constatados a esas horas (15). Cabe
preguntarse si el coronel Cascajo modificó por
su cuenta y a la baja la orden del general
Queipo de Llano.
El día siguiente, 4 de agosto, el general Miaja
amagó un ataque sobre las posiciones nacionales
de Las Cumbres, a unos 15 km de Córdoba en la
carretera de Madrid, que fueron castigadas con
72 bombas. Después de esto desistió, de momento,
de atacar Córdoba, volviéndose contra Adamuz
para posteriormente subir al valle de los
Pedroches, decisión que le fue muy reprochada.
Lo cierto es que estos días de tregua fueron
aprovechados por el general Varela, tras su
fracaso ante Castro del Río, para tomar
Antequera, Archidona y Loja con fuerzas
extraídas, en parte, del frente de Córdoba.
Durante estos días la ciudad no fue bombardeada,
si bien se produjeron algunas alarmas que
causaron el pánico en la población. En el curso
de una de éstas, el 5 de agosto, murió una joven
a resultas de la caída que sufrió en el sótano
del edificio en construcción del Banco de
España, habilitado como refugio. El diario de
vuelo de García-Morato anota alarmas los días 11
y 13 de agosto (16). Sobre la presencia de este
aviador en Córdoba, Salas Larrazábal escribe que
el 2 de agosto operaba desde Córdoba el teniente
Timoteo Valiente, que fue sustituido el día
siguiente por el capitán García-Morato, recién
llegado a zona nacional desde Inglaterra; hasta
el día 7 de agosto Morato voló en Córdoba en
solitario, y en los dos días siguientes en unión
del capitán Gancedo, que actuaba de jefe de los
Nieuport de Sevilla (17).
El aeródromo de Córdoba era una pista eventual
en la margen derecha de la carretera de Palma
del Río, frente a la Electromecánica. No era
apta para un uso continuado y menos para ser
utilizada por aviones modernos que pronto
habrían de llegar. La prensa de Córdoba se hacía
eco de los arreglos que se realizaban en el
aeródromo, y en el Archivo Municipal de Córdoba
se encuentran datos de los esfuerzos de la
Comisión Gestora Municipal para arrendar
terrenos y suministrar materiales para las
obras. Al respecto, destaca un oficio del
Alcalde al Ingeniero jefe de la Confederación
Hidrográfica del Guadalquivir instándole a
desviar el curso del canal del Guadalmellato
para facilitar la construcción de una nueva
pista de aterrizaje (18).
El 15 de agosto se rindió Pozoblanco a las
fuerzas republicanas. El general Miaja, en vez
de aprovechar su dominio de la carretera de
Córdoba a Badajoz y caer sobre la capital desde
la sierra que la rodea por el norte, decidió
volver al valle del Guadalquivir y atacar en
tres sectores con maniobras complicadas que
implicaban el paso de ríos. El ataque estaba
previsto para el día 20, y en la correspondiente
orden de operaciones se mencionaba el bombardeo
de Córdoba entre el amanecer y las 10.00 horas,
pero sin señalar objetivos concretos (19).
Coincidiendo con esto se reanudaron los
bombardeos. El 17 de agosto, a las 7.30 horas,
un avión bombardeó varias zonas de la ciudad,
incluyendo la iglesia de San Rafael, foco de la
devoción cordobesa. La incursión se repitió a
las 12.30 horas. En ambas ocasiones despegaron
cazas del aeródromo de la Electromecánica sin
que lograran interceptar al agresor. La cifra de
bajas de este día es muy imprecisa por falta de
datos de uno de los cementerios, si bien hemos
confirmado al menos 33 víctimas mortales, de las
que hemos identificado 16, de ellas 10 niños.
El 19 de agosto la ciudad sufrió de nuevo 2
ataques, a las 6.30 y a las 17.15 horas, a cargo
de 2 aviones en cada ocasión. En este día
aparecen 15 víctimas mortales confirmadas, de
ellas 12 identificadas. El 20 de agosto fueron 3
las incursiones, a las 6.30, 10.30 y 16.45
horas, con 5 muertos, todos identificados. En la
tarde de este día tuvo lugar el ataque de la
columna republicana del comandante Joaquín Pérez
Salas desde Espejo, que fue rechazado por la
contundente actuación de la aviación nacional.
Las otras columnas demoraron su ataque hasta el
día siguiente y fueron rechazadas con pérdidas,
fundamentalmente en el puente Mocho, sobre el
río Guadalmellato, cerca de Alcolea.
El 21 de agosto hubo 2 nuevas incursiones, a las
6.00 y a las 10.30 horas, con 3 muertos
confirmados. Este día, y ante la amenaza que se
cernía sobre Córdoba, llegaron nuevos cazas
procedentes de Tablada. El Diario de Córdoba del
día 22 titulaba: “Ayer llegaron a Córdoba cinco
aparatos de aviación de tipo moderno y cañones
antiaéreos para asegurar la defensa aérea de la
población”. No obstante, al pormenorizar la
noticia rebajó la cifra de aviones a “tres
magníficos cazas”, que fueron los que realmente
aterrizaron sobre las 8.30 horas. Añadía que a
las 9.00 horas llegaron en camiones piezas
antiaéreas que fueron emplazadas en lugares
estratégicos. Esto es confirmado por Salas
Larrazábal, quien dice que fueron llamados a
Córdoba 3 de los Fiat CR-32 recién llegados a
Tablada para reforzar a los 3 Ni-52 de Gancedo,
Manrique Montero y Fernández Tudela (20).
Por la tarde los nuevos cazas frustraron un
bombardeo y derribaron un caza de escolta sobre
Las Cumbres, resultando muerto el piloto, cuya
identidad no hemos podido averiguar hasta la
fecha. Se trata de la primera victoria aérea
conseguida en España por los pilotos de caza
italianos. En concreto, el que se adjudicó el
derribo fue el jefe de la patrulla, el
sottotenente (alférez) Victor Ugo Ceccherelli,
llamado en España “Vaccarese”. Al aterrizar en
el campo de la Electromecánica averió su Fiat al
colisionar con un Breguet-XIX cegado por la
polvareda levantada por la hélice (21). Alcofar
Nassaes amplía la información, y dice que los
bombarderos atacantes eran bimotores Potez, que
los otros miembros de la patrulla eran los
sargentos Angelo Boetti (”Illacqua”) y Sirio
Salvadori (“Salvo”) y que los aviones de éstos
también quedaron averiados (22).
Otros 2 ataques están registrados el 22 de
agosto, a las 6.00 y a las 11.30 horas, que
produjeron 4 muertos. La incursión del día 23 a
las 5.45 horas no dejó víctimas conocidas. En
cambio, la del día 26 a las 17.45 horas sí
ocasionó al menos 3 muertos identificados.
El 29 de agosto, sobre mediodía, 2 aviones que,
según los rotativos cordobeses, habían sido
avistados en Antequera, sobrevolaron Córdoba
desde la vertical del Puente Romano. Los mayores
daños fueron causados en el barrio de la
Catedral, incluido el Hospital de Agudos, y los
muertos identificados de ese día ascienden a 4.
En cuanto al origen de los aviones es posible
que ese día procediesen del aeródromo malagueño
de El Rompedizo (23).
A primeros de septiembre el general Varela
volvió a Córdoba, y decidió eliminar la amenaza
que para la ciudad de la Mezquita suponían las
fuerzas republicanas estacionadas en Cerro
Muriano. En esos días la aviación republicana
volvió a bombardear el casco urbano en
detrimento de acciones de apoyo a sus tropas,
que eran constantemente atacadas por la aviación
nacional. El Historial del Regimiento de
Artillería contabiliza 30 incursiones durante el
mes de septiembre, cifra que hemos de reducir al
descontar incursiones frustradas o bombardeos
sobre posiciones nacionales en Alcolea o en la
sierra inmediata a la ciudad. La prensa es
confusa en la información de estos días, siendo
la más valiosa la ofrecida por el Diario de
Operaciones del General Varela (24). Finalmente,
hemos confirmado los siguientes bombardeos: uno
el día 5 de septiembre, a las 18.00 horas, sin
víctimas. El día 6 fueron 2 los ataques, uno a
las 8.00 horas con 3 muertos, y otro por la
tarde sin consecuencias. Uno la mañana del 7. El
día 8, a las 6.20 horas 6 aparatos arrojaron 8
bombas sobre la población. El día 10, entre las
18.00 y las 18.30 horas, 6 bombarderos
escoltados por dos cazas arrojaron 58 bombas
sobre la ciudad; esa tarde una bomba, que no
llegó a estallar, cayó en la techumbre de la
Mezquita, según informó El Defensor de Córdoba
del 30 de septiembre.
El 22 de septiembre la caza nacional impidió un
nuevo ataque a cargo de 6 aviones, de los que 2
aterrizaron en una pista cerca de El Carpio, en
el lugar denominado Torre de la Jungla o cortijo
del Cuco; camuflados entre olivos, fueron
descubiertos por Manuel Vázquez Sagastizábal en
su avioneta y destruidos por aviones procedentes
de Córdoba (25). Finalmente, el parte
republicano de la noche del 24 de septiembre
dice que “la aviación de la República ha
bombardeado e incendiado varios edificios de
Córdoba”, lo que es totalmente falso (26). A
partir de este momento cesó el acoso aéreo sobre
la ciudad.
Hemos visto cómo la ciudad sufrió fuertes
bombardeos durante el mes de agosto, sobre todo
durante la semana trágica comprendida entre los
días 17 y 23, coincidiendo con el fracasado
ataque del general Miaja. El informe del mando
republicano trató de justificar los fracasos del
21 de agosto y del 5-6 de septiembre por no
tener apoyo de la aviación propia y ser
continuamente atacados por la contraria, lo que
contrasta con el derroche de medios aéreos
empleados sobre el casco urbano (27). Sorprende
la fuerte presión de la aviación republicana
sobre la ciudad en septiembre de 1936, cuando
sus fuerzas terrestres habían perdido la
iniciativa y toda posibilidad de tomar Córdoba.
El número de víctimas fue menor que en agosto,
posiblemente por el mejor funcionamiento de las
alarmas y por la acción de la caza y la defensa
antiaérea (28).
En la primera decena de septiembre los ataques
se concentraron en la zona S. Andrés-Realejo,
donde residía el general Varela, y las bombas
llegaron a caer en el jardín de la residencia
del bilaureado general (29). Este hecho nos
lleva a plantearnos la información de que
disponían los atacantes. En el primer mes de la
guerra aparecieron en la prensa local noticias
sobre emisoras clandestinas que conectarían con
Andújar para suministrar información a los
atacantes, pero el hecho de que ninguno de los
detenidos por estos hechos de los que tenemos
noticia acabase fusilado nos hace ser cautos
sobre estos extremos. El diario Guión del 8 de
septiembre insiste sobre el particular: “...y el
lugar donde han caído hoy las bombas en mayor
número demuestra que en Córdoba, conviviendo con
nosotros, hay espías, quienes valiéndose de
emisoras clandestinas o por otro medio comunican
a los rojos las noticias que pueden
interesarles”. Otra cuestión es que la
información pudiera ser proporcionada por los
numerosos evadidos que huyeron de Córdoba, sobre
todo por la sierra próxima.
Aunque cayeron algunas bombas en los cuarteles y
sus proximidades, no puede decirse que los
objetivos de los bombardeos del verano del 36
fuesen exclusiva o preferentemente militares, ya
que los impactos puntearon toda la ciudad y
resultaron alcanzados al menos 13 edificios
religiosos, varios establecimientos sanitarios y
muchas casas particulares, incluso en zonas muy
alejadas de cualquier objetivo militar
susceptible de ataque.
En Córdoba se atribuyó al catedrático del
Instituto de Enseñanza Media local y diputado
por Izquierda Republicana D. Antonio Jaén
Morente el señalamiento de objetivos en la
ciudad, y en la sesión extraordinaria celebrada
por la Comisión Gestora Municipal el 17 de
agosto de 1936 con motivo del fuerte bombardeo
de aquella mañana se le declaró Hijo Maldito de
la Ciudad (30). Esta creencia, muy arraigada
durante décadas en Córdoba, se basa en que este
diputado pronunció un discurso desde Radio Jaén
el 28 de julio de 1936 en el que amenazaba con
grandes bombardeos sobre la capital si los
rebeldes no se rendían.
Las incursiones: entra en acción la aviación
soviética
A partir de octubre de 1936 llegó a zona
republicana abundante material soviético. Entre
esta ayuda destacó el bombardero Tupolev SB-2,
llamado “Katiuska”, que sería el protagonista
del resto de los bombardeos sufridos por
Córdoba.
A finales de dicho año, el general Queipo de
Llano desencadenó una ofensiva que puso en sus
manos gran parte de la zona olivarera de la
provincia de Córdoba. De nuevo la aviación
nacional se volcó en apoyo de las tropas de
tierra, incluida la Patrulla Azul, formada a
partir del 23 de diciembre de 1936 (31),
mientras que la republicana se dedicó a realizar
incursiones sobre la retaguardia nacional
empleando los rápidos “Katiuskas”.
Salas Larrazábal recoge una incursión sobre
Córdoba el 5 de diciembre de 1936 (32), sobre la
que no hemos encontrado más datos. El siguiente
ataque tuvo lugar el 24 de diciembre a mediodía;
según la prensa, nueve bombas cayeron en las
proximidades de la estación central de
ferrocarril, ocasionando daños en la Estación
Sanitaria de la Victoria y dos heridos leves por
tejas y cristales desprendidos. Nuevamente
volvieron los aviones sobre Córdoba y Alcolea el
día de Navidad, arrojando bombas de gran
potencia (33). Según el parte gubernamental, una
escuadrilla de bimotores atacó, “con positiva
eficacia”, la estación y los cuarteles de
Córdoba, mientras que una segunda escuadrilla
arrojó veinte bombas de gran tamaño sobre la
estación y el puente de Alcolea (34).
El siguiente ataque tuvo lugar el 31 de
diciembre a mediodía. El 1 de enero de 1937,
sobre las 16.00 horas, dos bimotores arrojaron
varias bombas, resultando una mujer herida de
metralla y daños escasos. El día 2 de enero hubo
varias alarmas, consiguiendo finalmente los
aviones lanzar sus bombas por la tarde, de nuevo
con la estación como objetivo (35). La prensa,
concretamente el diario Guión de esa misma
tarde, da una lista de ocho heridos en este
ataque, también confirmado por el parte
republicano (36).
La caza nacional no había logrado interceptar a
los nuevos bombarderos por la elevada velocidad
de éstos. Las tornas cambiaron el día 3, cuando
dos “Katiuskas” se aproximaron a la ciudad
después de tres alarmas previas; en esta ocasión
los esperaba en el aire García-Morato, quien
logró derribarlos en las proximidades de Andújar
(37). El Defensor de Córdoba de 4 de enero
informó de dos alarmas ese día, a las 11.00 y a
las 16.00 horas, sin consecuencias, alarmas que
confirma el diario de vuelo de Morato.
A partir de este momento vuelve un período de
relativa calma. Una vez tomada Málaga, en marzo
de 1937 el general Queipo de Llano desencadenó
una ambiciosa ofensiva que, desde Peñarroya,
Espiel y Villaharta, habría de poner bajo
control nacional todo el norte de la provincia
de Córdoba y permitiría la liberación de los
sitiados en el santuario de la Virgen de la
Cabeza. La ofensiva se estancó por falta de
reservas y fue seguida de un fuerte contraataque
republicano que puso en serios aprietos a los
nacionales. La Patrulla Azul fue llamada de
nuevo a Córdoba para colaborar en el
restablecimiento de la situación.
Coincidiendo con estos hechos, el 1 de abril de
1937 tuvo lugar uno de los bombardeos más
trágicos de la guerra, con un balance mínimo de
37 muertos identificados. Especialmente
castigado resultó el Hospital Militar, donde se
contabilizaron 18 muertos, 7 de ellos en la
Farmacia (38). También resultó muy afectado el
barrio de Cercadilla, próximo al cuartel de
Artillería y a la estación del mismo nombre. El
Hospital Psiquiátrico, situado frente al
Militar, resultó alcanzado por segunda vez en la
guerra y con grandes daños, si bien no hemos
encontrado víctimas en él. Otras bombas cayeron
en el centro de la ciudad lejos de cualquier
posible objetivo militar.
Según el parte del Ministerio de Marina y Aire
los objetivos de este ataque eran los talleres
de la Electromecánica y los cuarteles, y se
emplearon 40 bombas de 25 kg y otras 40 de 50 kg
(39). El parte nacional del día es lacónico: “La
aviación roja bombardeó la población de Córdoba
y, especialmente el Hospital Militar, causando
algunas víctimas”. En el parte del 9 de abril
vuelve a mencionarlo junto con otros bombardeos
republicanos sobre la retaguardia, concretamente
los de Valladolid, Zaragoza y Melilla (40). Este
bombardeo enfureció al general Queipo de Llano,
quien en su charla radiofónica de esa noche
reconoció haber ordenado como represalia el
bombardeo de Jaén la tarde del mismo día 1, que
causó 155 muertos y ocasionó, a su vez, una saca
de derechistas y eclesiásticos detenidos en la
catedral de Jaén que fueron fusilados en días
sucesivos en el cementerio de Mancha Real (41).
No hemos podido comprobar el derribo de un
“Katiuska” por el teniente Narciso Bermúdez de
Castro en abril-mayo de 1937 cuando aquél venía
a bombardear Córdoba (42). Según el Historial,
el 9 de mayo de 1937 la capital cordobesa sufrió
2 ataques, a las 6.15 y a las 16.00 horas, con 3
y 4 aviones, respectivamente. El parte
republicano recoge 2 bombardeos, uno a las 16.00
sobre los cuarteles y otro a las 18.15 horas con
“la fábrica de municiones”, la Electromecánica,
sin duda, como objetivo. Añade el parte que 2
bombas cayeron sobre la vía férrea (43). La
prensa local, concretamente Azul del día 10,
coincide con el Historial en cuanto a la hora de
los bombardeos, pero, al igual que esta fuente y
el propio parte nacional del día 9, sólo
reconoce heridos en los ataques. Lo cierto es
que resultó totalmente destruido el Dispensario
Antipalúdico y muerto su conserje; este centro
sanitario estaba situado en la actual avenida de
la República Argentina y relativamente próximo a
los cuarteles de Artillería y Guardia Civil y al
Parque de Artillería. Otra víctima mortal fue un
ferroviario, por lo que es posible que fuesen
realmente alcanzadas las vías.
El domingo 4 de julio de 1937 se produjo un
bombardeo a las 15.00 horas. Extrañamente, los
rotativos consultados dan la noticia en forma
totalmente idéntica y fechada el día 6 en
Sevilla. Según esta nota, muy posiblemente
inspirada por el Cuartel General del Ejército
del Sur, un “trimotor” arrojó 6 grandes bombas
sin que se produjeran víctimas. Los bomberos
realizaron una salida entre las 15.15 y las
17.00 horas para extinguir el incendio declarado
en los alrededores de la cementera ASLAND, en la
carretera de Almadén, a consecuencia del
bombardeo (44).
El 28 de julio fueron 2 las incursiones. Según
el Historial del Regimiento de Artillería, que
yerra al fijar la fecha de los ataques como la
del día 29, la primera fue a las 7.15 horas, a
cargo de un aparato que fue rechazado por el
fuego de la batería antiaérea de 88 mm., pero
que, no obstante, consiguió arrojar 4 bombas
sobre el campo de aviación; el segundo ataque
fue llevado a cabo a las 15.17 horas por 6
bimotores que lanzaron 16 bombas entre el barrio
de las Margaritas y la Electromecánica, causando
6 muertos, que constan en el Registro Civil de
Córdoba como fallecidas en el barrio de
Occidente el día 28 a las 15.00 horas a
consecuencia de “heridas de metralla producidas
por la aviación marxista”. El Defensor de
Córdoba de la tarde del día 29 informa de 7
asistidos en la Casa de Socorro por heridas de
metralla, pero sin mencionar bombardeo alguno;
algunos de estos heridos lo fueron por metralla
de los proyectiles antiaéreos, al no estar
resguardados durante la incursión (45). Por su
parte, los bomberos registraron una salida el 28
de julio entre las 15.00 y las 16.15 horas para
desescombrar casas hundidas en el barrio de
Occidente, donde rescataron 3 muertos y 3
heridos. Este bombardeo está recogido por Solé y
Villarroya, si bien dan las 18.30 horas como
hora y citan 5 víctimas mortales (46). Mientras
que el parte nacional guarda silencio, el
republicano se hace eco de ambos ataques y
menciona el aeródromo como objetivo en ambos
casos (47).
Volvieron los aviones el 16 de agosto de 1937 a
las 7.00 horas, pero, según el Historial, la
barrera de fuego antiaéreo les impidió
sobrevolar de la ciudad, por lo que soltaron su
carga sobre la cárcel nueva, próxima a la
carretera de Almadén.
La Electromecánica y la batería antiaérea,
situada en El Fontanar, detrás del cementerio de
la Salud, fueron, según el Historial del
Regimiento de Artillería, el objetivo del
bombardeo del día 14 de octubre de 1937 a las
11.30 horas; las 25 bombas lanzadas no
produjeron víctimas, pues según la prensa local
cayeron en el cauce del río y otros lugares. El
parte republicano del día 15 habla del bombardeo
de la Hidroeléctrica de Córdoba (48), lo que
explicaría la caída de bombas en el río mejor
que la hipótesis manejada por el Historial.
El 19 de octubre tuvo lugar un bombardeo en 2
oleadas sucesivas, a las 15.10 y 15.15 horas,
respectivamente (49). Según el Historial del
Regimiento de Artillería, el primer grupo de 7
aviones tipo “Natacha” bombardeó el
emplazamiento de la batería antiaérea sin
producir daños; a los 5 minutos, otros 7
aparatos del mismo tipo atacaron la
Electromecánica, sin producir efecto sobre los
talleres pero causando 2 muertos y 4 heridos.
También consiguieron cortar la vía férrea en el
kilómetro 3 de la línea de Málaga, la línea
telegráfica con esa capital y la telefónica con
Sevilla y Algeciras. Se lanzaron 30 bombas de
todos los tamaños, predominando el tipo de 100
Kg. La batería antiaérea efectuó 149 disparos.
Solé y Villarroya también citan este ataque
(50).
El 13 de junio de 1938 se presentaron 3 aparatos
a 6.000 metros, que arrojaron 14 bombas sobre la
fábrica “La Fundición”, según se explica en el
Historial del Regimiento de Artillería, sin que
hallamos encontrado otros datos ni sepamos a que
fábrica se refiere. El último ataque con
víctimas mortales ocurrió el 9 de diciembre de
1938. Según el citado Historial, 6 aviones se
presentaron a las 8.30 horas y desde 4.000
metros arrojaron 40 bombas con una débil
oposición de la batería antiaérea de 76,2 mm.,
que tan sólo hizo 17 disparos. En el Registro
Civil aparecen 7 muertos en esta incursión,
todas en la huerta y barriada del Maimón, un
barrio modesto formado por las calles de Simón
del Toro y de Santa Leocricia situado en las
proximidades del cementerio de la Salud, cerca
del actual teatro de la Axerquía (51).
En el Archivo General Militar de Ávila se
conservan unas fotos aéreas tomadas por los
atacantes que permiten reconstruir este
bombardeo con bastante exactitud (52). Los
aviones se aproximaron a la ciudad a 4.800
metros de altura siguiendo la orilla izquierda
del Guadalquivir y, una vez llegados a la
vertical del Camino Viejo de Castro del Río,
giraron a la derecha para enfilar los objetivos
desde el sureste. Quizás siguieron este rumbo
para tratar de coger desprevenida a la defensa
antiaérea, lo que explicaría el bajo número de
disparos hechos por ésta. Las fotos muestran
claramente los impactos de las bombas en el
barrio del Maimón y en las inmediaciones de la
vía férrea, justo antes de la bifurcación de la
línea de Málaga. A falta de otra información
sólo podemos especular con que los verdaderos
objetivos fuesen la propia batería antiaérea,
situada en un montículo tras el cementerio de la
Salud y relativamente próxima al barrio del
Maimón, y la factoría de la Electromecánica. En
una de las fotos aparece una nota curiosa
referente a una acequia mal situada en el mapa
1:50.000; debe referirse al canal del
Guadalmellato, que fue desviado en el verano de
1936 para alargar la pista del aeródromo de
Córdoba.
El parte republicano silencia este bombardeo, no
así el parte nacional, que cita 8 muertos y 10
heridos civiles causados por las bombas en “un
barrio popular” (53). El rescate de las víctimas
y el transporte de los heridos a los centros
sanitarios debió ser muy rápido, porque la
salida de los bomberos entre las 9.00 y las
11.30 horas sólo sirvió para rescatar unas
caballerías atrapadas en los escombros. Las
últimas incursiones de la guerra, todas en el
mes de febrero de 1939, no fueron bombardeos,
sino que consistieron en el lanzamiento de
propaganda. Ocurrieron durante el mes de febrero
de 1939, el día 5 a las 4.00 horas, el 7 a las
20.55 horas y el 8 a las 3.15 horas.
En esta fase de la guerra se observa una
disminución en el número de incursiones, pero
llevadas a cabo por aviones más modernos, que
volaban a mayor altura y velocidad y que
portaban más bombas y más potentes. La velocidad
de los “Katiuskas”, excepcional para la época,
los hacía difíciles de interceptar para los
cazas nacionales. Los bombarderos rara vez
alcanzaron sus objetivos, posiblemente por la
necesidad de volar alto para eludir la defensa
antiaérea, por lo que estos bombardeos no
aportaron prácticamente nada al esfuerzo de
guerra republicano.
Sí se aprecia a partir de finales de 1936 un
concepto más “estratégico” en la elección de los
objetivos a atacar, como se desprende de los
partes republicanos. El propio Indalecio Prieto
dejó constancia de su empeño en bombardear la
Electromecánica y de cómo sus órdenes eran
saboteadas por los consejeros soviéticos (54).
No obstante, la información que manejaba en esta
época la aviación republicana no parece muy
exacta. En el Archivo General Militar de Ávila
existen unas fichas sobre instalaciones de
industrias militares en Zona Nacional elaboradas
por el Estado Mayor de la Jefatura de las
Fuerzas Aéreas de la Zona Centro-Sur (55). En
estas fichas se menciona una improbable fábrica
de líquido inflamable atendida por personal
alemán e italiano sita en el castillo de la
Albaida, en la carretera de Santa María de
Trassierra, así como un depósito de líquido
inflamable enclavado en la nave central de la
fábrica de cemento ASLAND, en la carretera de
Almadén, que pudo ser el objetivo de las
incursiones del 4 y del 16 de agosto de 1937.
También yerran en la denominación y situación de
la fundición de Bernardo Alba Pulido. Este
establecimiento radicaba en la avenida del
Obispo Pérez Muñoz (hoy Ollerías) y sí fabricaba
material de guerra, mientras que la información
republicana la nombraba como Fernando Alba y la
situaba en las Margaritas, zona, por cierto,
bastante castigada por los bombardeos.
En resumen, el Historial fija la cifra de 65
incursiones sobre Córdoba, coincidente con la
que aparece en un informe elaborado por José
Marín Alcázar, gobernador civil tras la
sublevación, al objeto de solicitar para Córdoba
el título de “Ciudad Heroica” (56). Sin embargo,
si descontamos las incursiones en que se lanzó
propaganda, no se consiguió lanzar las bombas y
las que no hemos podido confirmar contabilizamos
un mínimo de 38 bombardeos efectivos sobre la
ciudad.
En el Archivo Municipal de Córdoba no hemos
encontrado datos sobre daños producidos por los
bombardeos. Paradójicamente, hemos hallado la
copia sin firma de un informe del arquitecto
municipal sobre el particular en un archivo
particular (57); este informe, fechado el 28 de
mayo de 1938, detalla daños producidos por las
bombas en 265 edificios, pero sólo hasta el 1 de
abril de 1937 inclusive, por lo que es
incompleto.
Algunas notas sobre la defensa antiaérea en
Córdoba
Los rotativos locales anunciaron la llegada el
21 de agosto de 1936 de piezas antiaéreas que
fueron emplazadas en lugares estratégicos. Sin
embargo, según el Historial del Regimiento de
Artillería, fue el 26 de septiembre de dicho año
cuando el comandante de Artillería D. Juan
Anguita Vega organizó una Plana Mayor para el
servicio D.C.A. (defensa contra aeronaves), del
que había sido nombrado Jefe (58). Ese día
llegaron a Córdoba dos ametralladoras antiaéreas
“Flack Wefe” de 20 mm., y se organizaron dos
equipos de sirvientes, heterogéneos dada la
escasez de personal: una de las armas estaba
servida por artilleros del 1º Pesado y del 3º
Ligero, y la otra por falangistas. Montadas
sobre unos carrillos que les proporcionaban
movilidad, pasaron por diversos emplazamientos
dado lo diverso de las rutas de aproximación de
los atacantes.
Existe, pues, una contradicción entre la prensa
y el Historial en lo relativo a la fecha de
llegada de las piezas antiaéreas a Córdoba. El
testimonio de un artillero que sirvió aquellas
piezas demuestra que es correcta la fecha de
llegada dada por la prensa; es más, delata que
el Historial silencia un hecho tan notable como
que al mando de las piezas llegó un teniente
alemán encargado de instruir a los españoles en
su manejo. Según este testimonio, fueron al
menos tres las ametralladoras llegadas, que
fueron emplazadas en la rotonda del paseo de la
Victoria, en el camino viejo de Obejo (carretera
de Santo Domingo, junto a unos polvorines allí
existentes) y huerta de Merino, junto a la
Electromecánica. Las dotaciones rotaban por
estos emplazamientos. En cuanto a la
heterogeneidad de los sirvientes, este antiguo
artillero recuerda que se incorporaron a la suya
dos soldados de Caballería valencianos de la
columna del comandante Pérez Salas que se
pasaron al bando nacional la tarde del 20 de
agosto de 1936 aprovechando la confusión
generada por el fortísimo bombardeo al que la
aviación nacional sometió a la mencionada
columna (59).
Un nuevo elemento de confusión lo aporta la
“Orden General de la Comandancia Militar del día
8 de septiembre en Córdoba”, la cual, en su
artículo 1º, dice lo siguiente: “Presentado en
esta Plaza el Alférez de Navío don Rafael Carlos
Rosa en esta fecha se hace cargo del mando de
las Baterías Antiaéreas quedando incorporado a
la Plaza” (60). No hemos hallado ninguna otra
referencia documental o testimonial de la
presencia de este marino en Córdoba.
El Historial del Regimiento de Artillería da
cuenta de la formación en esta Unidad de una
Batería Antiaérea, la 35ª. Esta Batería se
organizó el 1 de noviembre de 1937 bajo el mando
del teniente D. Francisco Callejón Campos, y el
mes siguiente recibió cuatro piezas Vickers de
76,2 mm. con sus respetos y accesorios; comenzó
a practicar la instrucción específica antiaérea
en el mismo cuartel de Artillería. El 1 de enero
de 1938 se hizo cargo del mando de la Batería el
capitán D. Rafael de las Llanderas Pueyo. El 22
de marzo de 1938 la Batería terminó la
instrucción y quedó afecta a la D.C.A. de
Córdoba, asentándose en El Fontanar por ser
terreno aledaño a la zona de guerra de la Plaza,
que comprendía los cuarteles, estaciones de
ferrocarril, Electromecánica y otras fábricas de
construcción de material de guerra. Causó baja
en el Regimiento de Artillería Pesada nº 1 en la
revista de Comisario del mes de junio de 1938,
por pasar al Regimiento de Artillería Antiaérea
con el ordinal 32ª (61).
En la relación de bombardeos del mismo Historial
se describe la actuación de una batería de 88
mm. Estas intervenciones están fechadas a lo
largo de 1937, antes de la constitución de la
batería de 76,2 mm., pero no hemos podido
documentar nada sobre la presencia en Córdoba de
piezas de 88 mm.
La defensa pasiva.
Antes del conflicto se promulgó un decreto del
Ministerio de la Guerra, de fecha 8 de agosto de
1935, por el que se constituía, bajo la
Presidencia del Consejo de Ministros, un Comité
Nacional de Defensa Pasiva de la población civil
contra los peligros de los ataques aéreos (62).
Este Comité estaba integrado por los ministros
de Gobernación, Instrucción Pública, Guerra,
Marina y Obras Públicas, y el ministro de la
Guerra sometería al Comité los primeros planes y
propuestas tras los pertinentes estudios. Esta
organización se completaba con otros comités a
nivel provincial y local.
No he logrado saber si llegó a constituirse un
comité en Córdoba. El caso es que, iniciada la
contienda, no había planes que aplicar y las
primeras medidas que se transmitieron a la
población fueron simples consejos, como los
emitidos por el Ayuntamiento a través de la
prensa local (63). Un vigía situado en la torre
de la Mezquita daría la alarma tocando las
campanas, el tráfico se detendría y los
transeúntes buscarían refugio en los portales.
Aconsejaba a la población refugiarse en los
pisos bajos de las casas y abrir los balcones
para prevenir la rotura de los cristales por la
onda expansiva.
La población utilizaba para refugiarse cualquier
recinto que ofreciese una mínima protección
contra las bombas, y el miedo que provocaban las
frecuentes incursiones del verano de 1936 hizo
que muchas personas permaneciesen todo el tiempo
en los refugios, lo que ocasionó problemas de
tipo higiénico de los que se hizo eco la prensa,
que también censuró la cobarde conducta de
muchos hombres que permanecían continuamente en
los refugios. El Diario de Córdoba del 20 de
septiembre de 1936, bajo el titular “Las calles
de Córdoba están más limpias que nunca”, informó
del celo del alcalde, D. Salvador Muñoz Pérez,
que le llevó a emplear en la limpieza de las
calles a los individuos sin ocupación que
permanecían en los sótanos por temor a los
bombardeos.
El mismo diario de 27 de septiembre dio cuenta
de la constitución de la Junta de Protección
Civil contra ataques aéreos para asegurar la
defensa de la población, en especial contra los
gases asfixiantes. Estaba presidida por el
Comandante de Artillería D. Juan Anguita Vega
como delegado de la Autoridad Militar. Como
vocales de esta Junta se citan las siguientes
personas: comandante de Caballería D. Ricardo
Rivas; D. Luis Segura, delegado del Gobierno
Civil; D. José Bayona, delegado del
Ayuntamiento; D. Joaquín Carbonell; D. Lorenzo
Gollonet Mejías, jefe de bomberos; D. Alfonso
Gordón, químico; D. Emilio Luque Morata, médico;
D. Antonio Manzanares Bonilla, capitán médico;
D. Ricardo Pérez Jiménez, médico; D. Julián Ruiz
Martín, médico y por aquel entonces director del
Hospital de la Cruz Roja; D. Germán Saldaña
Sicilia, médico y profesor de la Escuela de
Veterinaria; D. Carlos Sáenz de Santamaría,
arquitecto municipal y, como Secretario, D.
Rafael Flores Micheo.
En realidad, la Junta se constituyó el día 16 de
septiembre de 1936 en una reunión celebrada en
el cuartel de Artillería a las 19.00 horas,
según consta en los oficios que el Alcalde
dirige al concejal D. Luis Segura Velasco, al
arquitecto municipal y al jefe de bomberos para
que asistan a dicha reunión (64). La Junta
comenzó inmediatamente sus trabajos, y el Diario
de Córdoba de los siguientes días publicó los
acuerdos que tomó. Así, el 1 de octubre de 1936
apareció un reglamento sobre uso de refugios, el
siguiente día 6 se difundieron normas para
prevenir ataques con bombas incendiarias y el 9
del mismo mes se comenzó a dar una relación de
refugios por barrios, que continuó en los
siguientes números.
El diario Guión de 2 de noviembre de 1936
proporciona una interesante información bajo el
titular “Contra los ataques aéreos. La labor de
la Brigada Técnica Anti-Gas”. Al parecer, la
preocupación porque pudiera producirse un ataque
químico llevó a la Junta de Protección a la
creación de esta brigada, dirigida por el
catedrático jubilado del Instituto D. Rafael
Vázquez Aroca y formada por cinco grupos de
trabajo, cada uno compuesto por un jefe y un
ayudante, todos químicos o farmacéuticos. La
brigada trabajó en el laboratorio del Instituto
preparando reactivos detectores de los agresivos
químicos y agentes neutralizantes contra los
mismos e, incluso, sintetizando algunos de los
agresivos de más probable empleo para comprobar
la eficacia de los compuestos preparados. La
Brigada elevó a la Junta una memoria con los
resultados de sus trabajos, y se estudió la
posibilidad de editar un folleto con las
instrucciones a seguir. Lamentablemente, no
hemos podido encontrar dicha memoria.
El 10 de enero de 1937 el Gobernador Militar de
la Plaza nombró al comandante médico D. Ángel
Sánchez Sánchez, entonces director del Hospital
Militar, Presidente de la Junta de Protección
contra ataques aéreos y de gases (65), cargo que
desempeñó hasta el 7 de junio de 1937, cuando,
por orden de la Superioridad, pasaron estas
funciones a los jefes del Servicio de
Antiaeronáutica.
En Córdoba no se construyeron refugios públicos
diseñados ex-profeso, si bien el Ayuntamiento
fomentó de diversas maneras la adecuación de
locales por parte de particulares. Hemos
encontrado, sin embargo, documentos sobre la
construcción de un refugio en la barriada de
Santa Emilia (66). Con fecha 26 de enero de 1938
algunos vecinos de dicha barriada que no tenían
donde refugiarse de los bombardeos, elevaron
instancia a la Corporación Local solicitando
permiso “para hacer uno en la cantera que hay
junto a los depósitos de agua por ser propiedad
de ese Excmo. Ayuntamiento, cuyo refugio tendría
carácter público en los momentos de alarma”. La
Corporación no puso inconvenientes al proyecto
siempre que los vecinos, a cuyo cargo correrían
las obras, depositasen la piedra extraída en el
lugar que se indicase para su posterior
aprovechamiento en obras municipales. El
Subcomité de Defensa Pasiva Aeronáutica informó
favorablemente y dictaminó que el refugio podría
aguantar impactos directos de bombas de 200 ó
250 kg. Finalmente, el Ayuntamiento autorizó la
construcción el 22 de febrero de 1938 y declaró
la obra exenta de arbitrios. En el expediente se
conserva un croquis rudimentario del refugio,
que debía ser efectivo a pesar de su concepción
simple, pues se reducía a una galería interior
con dos salidas, todo en forma de letra “U”.
Por otra parte, algunos vecinos de la barriada
de Occidente, especialmente castigada por los
bombardeos por su proximidad a la
Electromecánica, elevaron instancia al
Ayuntamiento para la construcción de un refugio
antiaéreo (67). No hemos podido saber si
finalmente llegó a construirse este refugio.
No se ha logrado documentar hasta la fecha la
peligrosa labor de los artificieros en relación
con las bombas que no estallaban, lo que se daba
con frecuencia. El 28 de julio de 1936 se empezó
a formar en Córdoba una Unidad Mixta de
Ingenieros, bajo el mando del capitán D. Emilio
Jiménez Arribas, en base a personal del Arma
transeúnte en Córdoba al estallar la guerra.
Esta Unidad, encargada de recoger e inactivar
las bombas no explosionadas, estableció su
cuartel en el palacio de los Cruz Conde, en la
calle de Torres Cabrera, donde debían dirigirse
los particulares en cuyas casas quedaran
artefactos sin detonar. Según Guión de 8 de
septiembre de 1936, se encargaban de ello dos
voluntarios, haciéndolo posteriormente D.
Antonio González y D. Manuel Molleda, de los que
nada más hemos podido saber.
Las víctimas
Uno de los objetivos de este trabajo es
establecer el número de víctimas mortales de los
bombardeos y, en lo posible, su identidad. Las
lagunas documentales, la censura que se aprecia
en la prensa a partir del otoño de 1936 sobre
los bombardeos y el olvido hacen prácticamente
imposible conseguir este objetivo al cien por
cien.
El folleto de la propaganda nacional Bombardeos
aéreos en España, aceptado por Solé y
Villarroya, da una cifra de 55 muertos en 27
incursiones, cifras muy alejadas, por defecto,
de la realidad (68). El Historial del Regimiento
de Artillería, que es bastante minucioso, ofrece
una cifra de 235 víctimas mortales comprobadas y
una estimación de 350 heridos. Tomando este
número con las debidas reservas, se ha revisado
el Registro Civil de Córdoba y los libros de
registro de cadáveres de los dos cementerios
municipales. Se han encontrado discrepancias
entre ambas fuentes, tales como fallecidos
inscritos en el Registro Civil que no aparecen
en los cementerios y viceversa. También se ha
dado el caso de víctimas comprobadas
fehacientemente que no aparecen ni en el
Registro Civil ni en los libros de los
cementerios, lo que hay que atribuir al caos
administrativo del verano de 1936. La pérdida,
en algunos casos total, de los archivos de los
distintos centros sanitarios ha hecho imposible
afrontar la confección de una lista de heridos.
En el Registro Civil sólo aparecen 83 víctimas
de bombardeos, algunas inscritas fuera de plazo.
En el caótico mes de agosto de 1936
prácticamente se inscribieron sólo los que
llegaron a ingresar en algún centro sanitario.
Se ha consultado el registro de cadáveres del
cementerio de S. Rafael, que se halla en el
Archivo Municipal de Córdoba (signatura L6057).
Este registro recoge las inhumaciones habidas
entre enero de 1933 y agosto de 1938, y ha
proporcionado una información muy valiosa, pues
se puede distinguir perfectamente un cadáver
procedente de fusilamiento (“m.v.”, abreviatura
de muerte violenta) de una muerte en el frente o
de la víctima de un bombardeo, a los que casi
siempre acompaña la anotación “de bomba”. No
obstante, se han apreciado algunos errores.
Hemos hallado aquí 90 cadáveres inhumados de
víctimas de bombardeos, 48 de ellos
identificados. También se ha consultado el
registro de cadáveres del cementerio de Nuestra
Señora de la Salud, que se encuentra en el
Archivo Municipal de Córdoba bajo la signatura
L6059. Este Registro, que abarca las
inhumaciones habidas entre marzo de 1933 y
diciembre de 1940, no proporciona una
información clara, pues la palabra “judicial”
acompaña a casi cualquier muerte violenta, sin
que se puedan distinguir muertes por bombardeos
de fusilamientos, suicidios, accidentes y otras.
Algunas víctimas no están inscritas como
“judicial”, y figuran registradas sin ningún
tipo de datos de edad, procedencia, etc., junto
con otras que proceden claramente de
fusilamientos. Esto puede explicar que Moreno
Gómez diera por fusiladas al menos a 9 personas
que fueron víctimas de bombardeos (69). Además,
no se ha encontrado hasta la fecha un cuaderno
adicional citado por Moreno en el que el
capellán del cementerio, D. Ángel Onieva Molina,
detallaba los judiciales. Aunque Francisco
Moreno me ha facilitado gentilmente las
fotocopias que, en su día, realizó de dicho
cuaderno, las hojas correspondientes a mediados
de agosto de 1936 habían sido arrancadas, lo que
nos priva de información sobre las víctimas
habidas en aquellos días.
En realidad, este registro únicamente nos ha
permitido confirmar las muertes conocidas
previamente por otras fuentes; sólo en el caso
del bombardeo del 1 de abril de 1937 hemos
encontrado víctimas desconocidas con
anterioridad, y ello porque se especifica en el
libro la concesión de sepultura gratuita por
parte del Ayuntamiento a las víctimas. Sospecho
que en el mes de agosto de 1936 se enterraron en
este cementerio bastantes víctimas de los
bombardeos que no fueron inscritas como tales,
porque no es creíble que se inhumaran unos 58
cadáveres en S. Rafael en los 5 días críticos de
agosto (del 18 al 22) y tan solo uno en La
Salud. Es más, se dan varios casos de víctimas
enterradas en este cementerio según las
inscripciones del Registro Civil de las que no
hay rastro en el libro de registro del
cementerio. Se han contabilizado 62 cadáveres
inhumados en la Salud de víctimas de bombardeos,
todos identificados excepto uno. A éstos hay que
añadir al menos 2 víctimas enterradas en Doña
Mencía y Cabra, respectivamente.
Por tanto, con los datos de los cementerios
podemos asegurar un mínimo de 154 muertos, que
hemos de incrementar hasta 155 por una niña que
murió junto a su madre y tres hermanos y cuyos
restos no se pudieron encontrar. Hay una
diferencia de 80 víctimas con respecto a las
dadas por el Historial, y a día de hoy es
prácticamente imposible obtener más datos.
Hasta el momento se han identificado 118 de las
víctimas, de las cuales sólo 14 eran militares o
miembros de las Milicias Nacionales, y, de
éstos, 7 eran no combatientes, por ser heridos
hospitalizados o miembros de los servicios
sanitarios del Ejército. De los 104 civiles
identificados, 30 eran niños menores de 14 años.
Triste ironía, algunas víctimas podrían ser
simpatizantes de los atacantes, vistas las
coincidencias de sus apellidos con los de
algunos fusilados.
APÉNDICE: Por razones de espacio no se pudieron
incluir los nombres de las víctimas
identificadas de los bombardeos en la
comunicación
presentada al II Congreso “La guerra civil 70
años después”, celebrado en C.E.U. San Pablo.
Madrid, noviembre de 2006. Publicada en “La
República y la Guerra Civil. Setenta años
después”. (Comunicaciones). Alfonso Bullón de
Mendoza y Luis E. Togores, coordinadores.
Editorial Actas, S.L. Madrid, 2008.. Además, esta
relación se ha incrementado en varios nombres
tras una revisión exhaustiva de los libros de
defunciones del Registro Civil de Córdoba
correspondientes al período 1936-1950.
A continuación, se transcriben los nombres de
las 127 víctimas mortales identificadas hasta
ahora:
Ana Lara García, 67 años.
Juan Montero Lázaro, 47 años.
Valentina Medina Ramírez, 64 años.
Manuel Camacho Parejo, 60 años, maestro
nacional.
Manuel Guillén Parrado, 46 años, ferroviario.
Antonio Extremera Navarro, 18 años, repartidor
de carne.
Rafael Arévalo Molina, 10 años.
Juan Cruces Martín, 10 años.
Rafael Sánchez Fuentes, 12 años.
Antonio Medina Alfaro, 63 años, portero de la
fundición “La Cordobesa”.
Guillermo Sobrino Fontela, 21 años, soldado del
GFRI “Ceuta”, nº 3.
Francisco Marín Pérez, 36 años.
Purificación Menéndez Redondo, 50 años.
Matilde Díaz, vendedora de hortalizas en el
mercado de S. Agustín.
José Trujillo Villalba, 40 años, albañil.
Adriana Jiménez del Rayo, 13 años.
Francisco Otero Berral, 13 años.
José Rojano Nocete, 14 años.
Mariano Infante Millán, 17 años.
Carmen Jurado Navarro, 9 años.
Manuel Jurado Navarro, 7 años.
José Jurado Navarro, 6 años.
José Reyes Cebrián, 39 años.
Manuel Trillo Nevado, 2 años.
Ana Trillo Nevado, 7 años.
Felipe Bermúdez Casablanca, 7 años.
Fernando Gálvez Pérez, se ignora su edad
(“a.v.”, adulto varón).
Josefa Ordóñez Pimentel, 27 años.
Ana Ruiz Martínez, 37 años.
Remedios Bodoque Ruiz, 2 años.
Francisco de la Cruz de la Torre,17 años.
José Cruz Rodríguez, 48 años.
Dolores Gómez Cabrera, 50 años.
Rafaela Gálvez Cañero, 49 años.
Juan Antonio Castillo Angulo, 33 años,
ferroviario.
José Padilla Gálvez, 66 años, cabrero.
Ricardo Lledó Moreno, 27 años.
Trinidad Pedregosa Pérez, 20 años.
José Garrido Burrueco, 34 años, barrendero
municipal.
Manuel Varona Romero, 28 años.
Francisco Palomeque Moreno, 23 años, cartero.
Antonio Ríos Aguilar, 38 años, jornalero.
Luisa López Fernández, 11 años.
Carmen López Fernández, 8 años.
Manuel García Fernández, 18 meses.
Dolores Ávila Romero, 59 años.
Francisca Cano Cabrera, 9 años.
Manuel López Benítez, 46 años.
Francisco Quesada Roas, 48 años.
Andrés Cansino Caballero, 16 años, dependiente.
Rafael Urbano Estrada, 57 años.
Francisco Gutiérrez Serrano “Serranito”, 44
años, ex matador de toros, vendedor de lotería y
aguador.
María de la Sierra García, 84 años.
Juan Hidalgo Hidalgo, soldado de Ingenieros.
Fernando Botí Barberá, 22 años, artillero.
Félix Sedano Molina, 34 años.
Luisa Rodríguez Yuste.
Apolinar Niza Mena, 68 años, portero de finca
urbana.
Manuel Criado Troncha, 64 años.
Julián Martínez Brieva, 76 años.
José Torres Hans, 47 años.
Francisco Camuñas Burgos, 66 años.
Amador Moreno León, 67 años.
Antonia Coll Borrego, 29 años.
Concepción Raigón Gutiérrez, 36 años.
Luis Casares Medina, 36 años, marmolista.
Andrea Pérez Alza, 39 años.
Antonio Toscano Pérez, 6 años.
Enriqueta Cuevas Fernández, 19 años.
Federico Gutiérrez-Ravé Gálvez, 28 años,
artillero.
Fuensanta Martínez Yáñez, 40 años.
Rafael Aranda Martínez, 7 años.
José Luis Prieto Lovera, 28 años, alférez de
Farmacia Militar.
Marcos Benavente López, 54 años, Practicante de
Farmacia Militar (C.A.S.E.).
Juan Martín Camacho, 39 años, mozo de Farmacia
Militar (civil).
Miguel Ortiz Lama, soldado de Farmacia Militar.
Baldomero Delgado Adame, 26 años, soldado de
Sanidad Militar.
Manuel Ignacio Henares Ayala, artillero,
adscrito a la Farmacia Militar.
Carlos Par Balcells, 23 años, licenciado en
Ciencias Químicas.
Antonio Romero Noriega, 19 años, alférez de
Aviación.
Domingo Botella Campoy, 23 años, sargento de
Artillería.
Juan Canales Torralbo, 14 años.
Rafael Bello del Toro, 19 años, Bandera de FE y
de las JONS de Las Palmas.
Antonio Jiménez Duarte, 18 años, Bandera de FE y
de las JONS de Las Palmas.
Antonio Jiménez Neira, 54 años, médico de la
Bandera de FE y de las JONS de Las Palmas.
Carmen Morales Olmedo, sirvienta en el Hospital
Militar.
Basilio Pozo, sanitario del Hospital Militar.
Emilio Sánchez García, 44 años, guardia cívico..
María Chicano Parejo.
Antonia Fernández Almagro, 14 años.
Juan Valderrama Fernández, 22 años, ferroviario.
Juan de Dios Corona Cantor, 29 años,
ferroviario.
Francisco Ibáñez Guerrero, 30 años, jornalero.
Encarnación Morón García, 31 años.
Encarnación Ibáñez Morón, 3 años.
Cayetano Iradi Ruano, 13 años.
Victoria Díaz Giménez, 44 años.
Adoración Ruiz Pérez, 43 años.
Concepción Leiva Ruiz, 12 años.
Remedios Leiva Ruiz.
Fuensanta Leiva Ruiz.
Aurelio Leiva Ruiz, 14 años.
Felisa Pérez Camacho, 21 años.
Rosalía Aranzona Benítez, 19.
Pura Pila Cordero, 22 años.
Fernanda Pila Cordero, 18 años.
Antonio Martín Pila, 5 años.
Carmen Cordero Quintana, 56 años.
Tránsito Enríquez Requena, 18 años.
José Moreno Muñoz, 63 años, ferroviario.
Daniel Núñez Montenegro, 48 años, empleado.
Isabel Liñán Barrientos.
Juan Hernández Mesa, 70 años.
Francisca Sánchez Pérez, 64 años.
Rafael Sánchez Porras, 6 años.
Antonio Cordero Simón, 16 años.
Josefa Bermudo Serrano, 79 años.
Antonio Gómez Carmona, 13 años.
Juan Kewch Sánchez, 29 años, mecánico.
Francisco Infante Millán, 28 años, albañil.
Antonia Romero Cabrera, 19 años.
Mercedes Prieto Montesinos, 48 años.
Antonio Fernández Fernández, 13 años.
Miguel García Medina, 31 años.
Rafaela Jurado Aguilar, 26 años.
Rosa Herrera Jurado, 5 años.
Encarnación Herrera Jurado, 3 años.
De estas 127 víctimas sólo 15 eran militares o
miembros de las Milicias Nacionales, y de éstos
7 eran no combatientes al ser heridos
hospitalizados o miembros de los servicios
sanitarios del Ejército. De los 112 civiles
identificados 33 eran niños menores de 14 años.
Que descansen en paz y que permanezca su
recuerdo.
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